MINERÍA VERSUS ABASTECIMIENTO DE AGUA: UN DILEMA URGENTE
Vladimiro Camacho Montero (*)
(*): Consultor ambiental especializado en temas de recursos hídricos, energía y minería.
En la ciudad de La Paz venimos atravesando la mayor crisis ambiental de hace mucho tiempo y con un impacto significativo para una buena parte de la población urbana que se ha visto de la noche a la mañana enfrentada a un duro desabastecimiento de agua, poniendo de manifiesto la fragilidad del sistema de abastecimiento de agua.
El problema no sólo tiene un carácter ambiental, sino también un efecto social, pues el acceso al agua, además de ser un derecho humano y fuente de vida, es fundamental para preservar la salud y alimentación de los habitantes. En las últimas horas, la Asamblea Legislativa Departamental ha manifestado su intención de respaldar la explotación de minerales en área de glaciares, principalmente el Illimani[1], este accionar tomado en coalición con la Federación Departamental de Cooperativas Mineras (FEDECOMIN), implica un riesgo inminente hacia las fuentes de agua cuya calidad se verá afectada por la explotación minera, que se caracteriza por el alto impacto ambiental, poniendo el riesgo las fuentes de abastecimiento de la población.
LAS FUENTES DE AGUA PARA EL CONSUMO HUMANO
El complejo metropolitano, principalmente las ciudades de La Paz y El Alto, tienen un sistema de abastecimiento de carácter mixto, basado en el aprovisionamiento de recursos de fuente glaciar combinada con aguas acumuladas en época de lluvias que se almacenan básicamente en tres sistemas de presas ubicadas en la parte alta de la cordillera vecina a estas ciudades.
La primera, el sistema Milluni, que tiene una represa del mismo nombre y que fue construida en la primera mitad de siglo pasado, recibe tratamiento en la planta de Achachicala y abastece principalmente al antiguo casco urbano de la ciudad de La Paz, principalmente la ladera oeste, aunque también tiene redes de abastecimiento hacia la parte baja de Miraflores. La segunda fuente de agua es la presa Inkachaka, ubicada en la cumbre de salida a Los Yungas, y sus recursos son tratados en la planta potabilizadora de Pampahasi. La tercera fuente, que corresponde al sistema Hampaturi (presas de Ajuan Khota y Hampaturi), ubicado en un valle alto intermedio, hacia el Noreste de la ciudad, también se potabiliza en Pampahasi y se distribuye a Miraflores y la zona sur de la ciudad de La Paz, y es justamente la que ha presentado problemas de desabastecimiento, por el agotamiento del recurso almacenado en estas presas.
En el caso de El Alto, el sistema de abastecimiento se basa en la captación de recursos del nevado Tuni Condoriri, los cuales, transferidos hacia la planta de potabilización de El Alto en la zona de Alto Lima, abastecen al sector noreste de esa ciudad. Adicionalmente, se tiene al sistema Tilata, que corresponde a la explotación de aguas subterráneas a partir de la explotación de pozos, que llegan a abastecer, según publicación de EMAGUA, hasta el 20% del recurso empleado para el abastecimiento de la ciudad de El Alto.[2]

Tomado de: http://www.arqueologialapaz.org/2011/07/proyectada-ampliacion-de-la-represa-de.html,04/02/2017
A través de este breve relevamiento del sistema de provisión de agua, se puede ver que la principal fuente con la que cuenta la población de estos municipios corresponde a aguas de origen glacio-pluvial, que son almacenadas en las presas disponibles durante la época de lluvias, y después derivadas de manera regulada hacia las plantas de tratamiento para su distribución entre los consumidores a lo largo de todo el año.
UN DOBLE ENFOQUE
Así, se puede concluir que la seguridad del abastecimiento del recurso se basa en la preservación de sus fuentes, cuyo cuidado debe tener básicamente un doble enfoque: el primero, relacionado con el volumen de precipitaciones que regularmente deben generarse de manera estacional, principalmente entre los meses de octubre a abril, lo cual tiene una relación estrecha con el cambio climático y la preservación del equilibrio ecológico. Pero, además, según ha demostrado la presente crisis, es necesario advertir que el sistema de captación estacional del recurso tiene deficiencias, debido a que no se han encarado obras de ingeniería que permitan asegurar el aprovisionamiento de agua hacia una población del entorno metropolitano, que se halla en constante crecimiento y que como tal requiere mayor cantidad de recurso almacenado, por medio de la habilitación de nuevas presas.
Esta falta de previsión que debió ser encarada hace varios años, muestra una inocultable negligencia de las autoridades encargadas de la gestión del recurso hídrico, quienes debieron prever la situación que estamos atravesando, puesto que la presente crisis no es producto de un fenómeno extraordinario, sino de una deficiencia en la planificación.
PROTEGER LA CALIDAD
Un segundo tema, que es el fondo del presente artículo, se relaciona con la preservación de la calidad del agua.
Los recursos hídricos almacenados en las fuentes de cordillera tienen una característica fundamental: su extremadamente buena calidad; son recursos que, en su generalidad, por su fuente, que proviene principalmente de las lluvias que se precipitan en las partes altas de la cordillera, presentan condiciones óptimas en cuanto a su calidad fisicoquímica y aptitud de uso.
En este sentido, con base en el Reglamento en Materia de Contaminación Hídrica de la ley de Medio Ambiente y abundantes estudios sobre el tema, se puede clasificar estos recursos dentro de la Clase “A”, que corresponde a recursos aptos para el abastecimiento de agua potable, que en base a un tratamiento adecuado pueden proveer –y en los hechos lo hacen– del líquido elemento a la población. Por estas características, estos recursos tienen una importancia primordial y por sus características específicas, deben contar con el cuidado y protección adecuados.
El hecho de que éstos recursos sean aptos para el abastecimiento de agua para la población no es solo su característica principal, sino su mayor cualidad, pues estamos hablando de recursos que se suministran a una población que bordea los dos a dos y medio millones de habitantes, tomando en cuenta no sólo a quienes habitan las ciudades de La Paz y El Alto, sino también a su creciente entorno metropolitano.
AGUA Y MINERÍA
Por todo ello, al asumir el carácter estratégico de estos recursos, es fundamental recalcar que la presencia de actividades mineras en la cercanía de las fuentes de agua –y no únicamente en el área de influencia de las presas existentes en la actualidad, sino en áreas de glaciares, que tienen la potencialidad de ser empleadas como fuente de abastecimiento hídrico en el futuro, presenta un elevado riesgo de daño en la calidad de estos, debido a que la minería en general produce efectos irreversibles hacia el entorno hídrico; para sustentar esta afirmación, veamos un típico ejemplo de los impactos mineros sobre un sistema de abastecimiento de agua, como es el caso del subsistema Milluni.
La cuenca de Milluni recibe agua principalmente del nevado Huayna Potosí y comprende un sistema de cuatro lagunas: el lago Milluni Grande –su principal reservorio–, el lago Milluni Chico, y las lagunas Hanko Khota y Pata Khota. La presa fue construida a principios del siglo XX con la finalidad de abastecer de agua a la ciudad de La Paz y fue utilizada también para la generación hidroeléctrica en la primera planta de generación de energía que tuvo la ciudad, que es la planta Achachicala, ubicada en la autopista que une la ciudad de La Paz con la de El Alto y que actualmente se halla fuera de funcionamiento.
El principal problema que presentan las aguas de la cuenca Milluni, es debido a que en las laderas adyacentes se encontraba el centro minero Milluni, que tuvo su mayor ímpetu productivo hasta la crisis del estaño de la década del 80 y que luego, producto de la caida abrupta de los precios de este mineral fue cerrada, para posteriormente ser explotada circunstancialmente bajo una estructura cooperativa.
Los efectos de la explotación minera sobre los recursos de esta cuenca son muy significativos, pues las dos primeras lagunas presentan una contaminación irreversible, pues estas han recibido por muchos años los efectos de las descargas de agua de mina. Estos drenajes ácidos presentan además una elevada concentración de metales pesados como zinc, cobre, estaño, mercurio y cadmio, altamente tóxicos para todas las formas de vida.
En la actualidad, EPSAS realiza el tratamiento y potabilización de estos recursos, lo cual implica sobre todo un elevado costo y la generación de efectos secundarios, como la eliminación de lodos con restos de metales pesados que mantienen el riesgo de contaminación si no son debidamente dispuestos. Los costos de tratamiento generados en la alta degradación que tienen estas aguas, son asumidos por todos los habitantes que como usuarios, pagamos estos costos en la tarifa de aprovisionamiento de agua. Por otra parte, se debe tomar en cuenta que el uso de esta agua para el aprovisionamiento a la población mantiene un alto riesgo, que puede generarse por el mantenimiento de metales pesados en las aguas tratadas, si de por medio no se tiene un especial cuidado en el proceso, verificando permanentemente la calidad de las aguas que son derivadas a la distribución de los pobladores de la ciudad.
Está demostrado que la presencia de actividades mineras, debido a sus características, genera un alto riesgo de alteración de los diferentes factores ambientales, entre los cuales el recurso hídrico suele ser uno de los más afectados. Debe resaltarse el hecho de que estos efectos muchas veces toman carácter irreversible, tal como observamos en la cuenca de Milluni, donde después de casi 30 años de haber cesado la actividad minera de carácter intensivo, las aguas mantienen una degradación elevada y permanente.
INTERÉS PRIVADO VERSUS INTERÉS COLECTIVO
El actual desabastecimiento de agua ha puesto al descubierto diversos factores, entre ellos el elevado grado de derroche que en condiciones “normales” afecta a este recurso valioso. Será tiempo de empezar a cuidar el recurso, a reciclar o utilizar las aguas en más de un uso, como el empleo de aguas de lavado en el regado de jardines y acciones similares preventivas. También toma importancia el mantenimiento de las redes de distribución, pues se estima que un elevado porcentaje del agua potabilizada es perdida en el proceso como producto del deterioro que presenta el sistema de tuberías que tiene un elevado grado de filtraciones, requiriéndose de manera urgente, realizar inversiones para el cambio de la red principal de distribución de agua.
Pero, por otra parte, el mayor cuidado debe orientarse a la preservación de las fuentes de agua, de las fuentes cordilleranas, que al tener una elevada calidad, son susceptibles de degradarse como producto de la contaminación de actividades que pudiesen realizarse en su área de influencia.
En este sentido, es necesario establecer políticas claras que impidan la presencia de actividades susceptibles de degradarlas, como es el caso de la explotación minera, la cual debería ser restringinda en las áreas que se encuentran en relación directa con las áreas de glaciares y el sistema de lagos que se forman en la cabecera de las montañas. Esta prohibición debería establecerse a toda la cordillera cercana al entorno de las ciudades de El Alto y La Paz, pues éstas son las fuentes de abastecimiento de agua actual y futura, porque proporcionan agua de excelente calidad, que puede usarse para abastecer abundantemente a la población urbana y rural, además de tener la potencialidad de servir para otros usos de beneficio común, como es la agricultura.
En este sentido, es necesario elegir entre el interés económico de un grupo de particular, sean estos empresarios privados o cooperativistas,con el beneficio y necesidades de más de dos millones de personas que tienen en los glaciares a las fuentes de aprovisionamiento de agua. Es tiempo que el Ministerio de Medio Ambiente y Agua y porque no, los de Salud y de Minería también, establezcan políticas que no sólo tiendan a preservar sino a proteger la fuente de abastecimiento actual y futura del centro metropolitano. Para ello, es urgente imponer la prohibición y reversión de autorizaciones de explotación minera en cercanía de los glaciares de este sector de la cordillera Real, porque de ellos seguramente buena parte de la población de La Paz se abastecerá de agua en el futuro.
NECESIDAD DE PROTEGER LAS FUENTES DE AGUA
La importancia del desarrollo de políticas de preservación de estas fuentes de agua puede comprender desde el desarrollo de prohibiciones específicas hasta por ejemplo la creación de un parque natural (El parque nacional de la Cordillera Real), que establezca los requisitos legales que permitan proteger estas fuentes que son el medio de abastecimiento del líquido elemento a la población de la región del altiplano norte.

Infografía preparada por Elmer Cuba O. – Ing. Ambiental
Por otra parte, el Illimani y el Mururata en el sector este, tienen una masa glaciar importante y con las mismas características de las montañas que se hallan en el otro margen cordillerano. El Illimani por la cercanía que tiene con la ciudad, tiene también un alto potencial para el abastecimiento de agua para la población de La Paz y la preservación de estos recursos toma un carácter de beneficio público que no puede ser soslayado por las autoridades correspondientes.
La Paz, 4 de febrero de 2017.
Referencias:
[1] http://www.paginasiete.bo/sociedad/2017/2/2/paralizan-defensa-illimani-125870.html
[2] http://www.emagua.gob.bo/?q=node/79